En Kukra Hill, donde todavía se escucha decir que “la cocina es cosa de mujeres” y que “el hombre es de la calle”, hay un fogón de carbón que está cambiando más que estómagos: está cambiando mentalidades.
Ahí, entre humo, brasas vivas y el aroma irresistible de carne asada, trabaja Luis Carlos Obregón, 37 años, padre de familia, emprendedor… y un hombre que decidió romper moldes.
En muchas comunidades todavía hay hombres que no pueden quedarse solos porque no saben ni freír un huevo. Crecieron oyendo que cocinar les quitaba hombría, que eso era “trabajo de mujer”. Pero Don Luis no compró esa idea.
Desde joven sintió amor por la cocina. Aprendió mirando, ayudando, practicando. Fue asistente de cocineros con títulos, pero él lo dice claro:
“No necesita uno tener un cartón para saber hacer las cosas. El que quiere, puede.”
Hoy, después de cumplir su jornada laboral, inicia su segunda jornada: su propio negocio de comidas.



En su puesto se sirve gallopinto, plátanos maduros, tajadas, costillas, pollo y cerdo a la barbacoa, frescos naturales, gaseosas… “de todo un poquito”, como dice sonriendo mientras sopla el fuego.
Porque si no hay electricidad, no se detiene.
Si no hay abanico, usa la tapa.
Si no hay aire, sopla con la boca.
Resolver es su especialidad.
Hace unos meses abrió su puesto propio, luego de años trabajando en bares de Kukra Hill. Decidió independizarse por una razón clara:
“Es bonito tener lo propio de uno, no depender de nadie. Y hacerlo por la familia.”
Luis es el sostén de su hogar: su esposa y sus hijos dependen de ese fogón que no se apaga ni con apagones, ni con cansancio, ni con dificultades.
Cuando su esposa se enferma él asume porque como dice:.
“No somos de hierro, pero hay que seguir. Por ella y por mis hijos.”



Trabajó un tiempo en Estados Unidos y aprendió nuevas recetas. Sueña con traer sabores de afuera a su pueblo, demostrar que desde una comunidad pequeña también se puede innovar.
Pero su mayor receta no está en una parrilla.
Está en su mensaje a los jóvenes:
“Trabajo sí hay. Lo que hay que tener son ganas de emprender. No el vicio, sino el negocio. Luchen por lo suyo, nada es imposible.”
En un lugar donde muchos no ven oportunidades, Don Luis las cocina a fuego lento.
En un entorno donde el machismo puso límites, él puso un delantal… y se puso a trabajar.
Y así, entre humo, sazón y fe, este hombre de Kukra Hill está demostrando que un verdadero pilar de familia no es el que manda, sino el que resuelve, cuida y construye futuro con sus propias manos.




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