Los vigorones de Yobelsy: la muchacha de Bluefields que nunca se rindió

Hace veinte años, una adolescente tímida de 15 años se sentó por primera vez detrás de una mesita improvisada, en la acera frente al antiguo cine Variedades, en el corazón del barrio Central de Bluefields. No era un día cualquiera: era el inicio de una historia de esfuerzo, fe y sabor que marcaría su vida para siempre.

La joven Yobelsy López, y aquel día, bajo el sol ardiente y entre el bullicio de la calle, recibió de su madre el encargo de continuar una tradición familiar: vender vigorones. Su mamá doña Raquel Vargas, ya lo había hecho años atrás, levantado con esas ventas el sustento del hogar. Ahora, le tocaba a ella.

“Mi mamá me dejaba en la venta, y yo estudiaba en el Filemón y cuando salía de clase salía corriendo para la venta, con eso, gracias a los vigorones pude terminar mi bachillerato”, recuerda Yobelsy con una sonrisa que mezcla orgullo y nostalgia.

Una herencia hecha de yuca y chicharrón

El vigorón, plato típico nicaragüense, combina yuca cocida, ensalada fresca y crujientes chicharrones de cerdo. Sencillo a la vista, pero lleno de tradición y sabor.

En Bluefields, los de Yobelsy se han convertido en una referencia:

“Muchos dicen anda a comprar donde la muchacha gordita frente a Payless . Y me siento orgullosa, porque lo que preparo le gusta a la gente”.

Con paciencia aprendió no solo a cocinar, sino a escuchar a sus clientes. Sabe que el taxista que llega temprano busca un fresco de cacao; que las señoras prefieren el vigorón acompañado de chía; que, en septiembre, cuando la ciudad vibra con las fiestas patrias, es cuando más vende.

También sabe de sacrificios: “Ha habido días en que regresó con producto a la casa, pero son pocos. En temporada baja preparó menos. La clave es aprender a medir”.

La muchacha emprendedora

Desde sus años de estudiante en el instituto Filemón Rivera, Yobelsy mostró ese espíritu inquieto. Mientras otros pensaban en la fiesta de promoción, ella organizaba ventas de shapsiú, un platillo de origen chino que cocina como nadie en Bluefields.

“Siempre decía a mis compañeros: ‘No se preocupen, no se van a quedar con las ganas’. Y el día de la despedida, todos comieron felices”.

Esa chispa emprendedora la acompaña hasta hoy. Su jornada comienza temprano, cuando un ayudante le lleva las panas de yuca y carne, los baldes de refrescos y el termo de helados de ron con pasas.

A las 9 de la mañana ya tiene clientes esperando. Los taxistas, trabajadores y transeúntes forman parte de su clientela fiel. Y en días de suerte, a las 11 de la mañana ya todo se ha agotado.

Fe, esfuerzo y un sueño pendiente

Yobelsy vive con su mamá, a quien cuida y apoya. No tiene hijos, pero sí una familia que la sostiene con amor y fe. Como testigo de Jehová, asegura que es Dios quien le da la fortaleza para continuar, incluso en las dificultades.

Su gran sueño es claro: “Quiero tener un local propio, céntrico, donde la gente pueda llegar caminando. Sé que lo voy a lograr”.

Mientras tanto, su mesita frente a la tienda Payless sigue siendo un punto obligado en el barrio Central. Allí, entre risas, aromas de yuca y el burbujeo de un fresco frío de chía, Yobelsy López demuestra que emprender con amor y voluntad es la receta más segura para salir adelante.

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