El rostro humilde que endulza el paladar en las calles de Bluefields
Con este trabajo crió a 12 hijos,
En Bluefields, cuando el sol apenas empieza a calentar las calles, hay una figura que muchos reconocen sin necesidad de verla de frente.
Es Doña Juana Núñez, 60 años bien vividos y una canasta llena de historias… y de hojaldras.
Desde hace décadas, Doña Juana camina las calles de la ciudad vendiendo lo que sabe hacer mejor.
Empezó joven, a los 24 años, cuando la vida le enseñó que había que rebuscarse con dignidad.
Primero fue la cajeta, después el arroz con leche, la cuajada, y hoy las famosas hojaldras tostaditas, finitas, crujientes, bañadas con miel calientita.



Con esas ventas sacó adelante a 12 hijos.
No fue fácil, pero nunca se quejó. “Mientras tenga fuerzas, yo trabajo”, dice, con esa seguridad que solo da la experiencia.
Aunque hoy sus hijos y nietos le ofrecen ayuda, Doña Juana prefiere seguir saliendo. No le gusta pedir. Toda la vida ha ganado su propio dinero, y eso para ella es un orgullo que no se negocia.

Pero Doña Juana no solo vende hojuelas.
Vende consejos, regala sonrisas y deja un poquito de amor en cada esquina por donde pasa.
Sus tortillas de harina, bien finitas y porositas, crujen al morderlas. La miel, con canela y frambuesa, les da ese toque que las vuelve una tentación imposible de rechazar.
La receta es sencilla, como ella: harina, huevo, mantequilla, jugo de naranja y paciencia. Mucha paciencia. Se fríen hasta quedar doraditas y luego se bañan en miel espesa, aromática, de esas que recuerdan la cocina de antes.

Doña Juana cree que mientras haya vida, hay que seguir haciendo algo útil. Que en la casa siempre hay trabajo, y que ayudar a los nietos también es parte del deber.
Y así, con su canasta al hombro, sigue caminando Bluefields.
Deja atrás el ruido, el apuro, las preocupaciones…
y nos recuerda que a veces, la felicidad viene en forma de una hojuela crujiente, bañada en miel, vendida con amor por una mujer que nunca se rindió.



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