La fruta de pan: el tesoro costeño que alimenta hogares y da vida al legendario atol “Criminal”

De la olla del rondón al famoso atol con fama de afrodisíaco, este fruto sigue siendo uno de los grandes orgullos gastronómicos de Bluefields.

En Bluefields, la fruta de pan es mucho más que un alimento. Es la vieja confiable de muchas familias cuando el dinero escasea, el ingrediente que no puede faltar en un buen rondón y el secreto detrás de una de las bebidas más famosas de la Costa Caribe: el atol “Criminal”.

Rica en fósforo y con un importante aporte nutricional, este fruto ha acompañado por generaciones la mesa de los costeños. Crece en patios y solares, y su versatilidad la convierte en protagonista de recetas que han sobrevivido al paso del tiempo.

Para muchos, un rondón sin fruta de pan no está completo. El fruto se cocina junto al pescado, el aceite de coco y los bastimentos, absorbiendo todos los sabores del caldo hasta quedar suave y delicioso.

Pero también se disfruta de manera sencilla: hervida, acompañando queso, cuajada o un gallo pinto recién hecho. Otros la prefieren en tajadas finitas y crujientes, fritas en aceite de coco, o en trozos dentro de una sopa de res bien caliente.

Sin embargo, ninguna preparación despierta tanta curiosidad como el tradicional atol “Criminal”.

El atol con fama de “revivir hasta al más cansado”

En la cultura popular bluefileña, esta bebida caliente es considerada por muchos como un potente estimulante natural. Entre bromas y sonrisas, hay quienes aseguran que “levanta el ánimo” y otros que le atribuyen propiedades afrodisíacas.

Su preparación sigue siendo artesanal.

Primero, quienes lo elaboran se untan un poco de aceite en las manos para evitar que la resina pegajosa de la fruta se adhiera a la piel. Luego la pelan, le retiran el corazón y la ponen a hervir lentamente en una olla sobre el fogón de leña.

El toque especial llega con el coco seco.

Los cocos se parten, se rallan a mano y se exprimen con agua para obtener una leche espesa y aromática. Una vez cocida, la fruta de pan se machaca directamente en la olla y se mezcla poco a poco con la leche de coco hasta lograr una consistencia cremosa.

El atol se sirve bien caliente. Algunas personas le agregan un “piquete” de licor para reforzar la fama que le dio su peculiar nombre. Otras prefieren disfrutarlo en su versión natural.

Un sabor que resiste al paso del tiempo

En una época donde muchas tradiciones culinarias se han ido perdiendo, la fruta de pan continúa presente en los hogares de Bluefields.

No necesita ingredientes sofisticados ni recetas complicadas. Basta un fogón, un coco y una fruta recién cortada del árbol para convertirla en un plato capaz de reunir a toda la familia.

Desde el rondón hasta el inolvidable atol “Criminal”, este fruto sigue demostrando que los sabores más auténticos nacen de la sencillez y del ingenio de la gente costeña.

Porque para muchos bluefileños, probar un pedazo de fruta de pan es volver a encontrarse con el sabor de casa.

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