Otro nicaragüense muere en mina ilegal de Costa Rica; es la segunda tragedia en apenas una semana

Santo Argelio Álvarez Espinoza, de 38 años y originario de Santo Domingo, Chontales, falleció tras el colapso de una mina artesanal en Las Juntas de Abangares. El caso ocurre pocos días después de la muerte de otro nicaragüense en una explotación minera ilegal en territorio costarricense.

La búsqueda del oro volvió a cobrar la vida de un nicaragüense en Costa Rica. Santo Argelio Álvarez Espinoza, de 38 años y originario de la comarca Suwana Palmira, municipio de Santo Domingo, Chontales, falleció este jueves tras un accidente ocurrido dentro de una mina artesanal ilegal en Las Juntas de Abangares, provincia de Guanacaste.

De acuerdo con reportes preliminares, el trabajador realizaba labores de extracción junto a otras dos personas cuando se produjo un colapso dentro de la excavación subterránea. Los acompañantes lograron ser rescatados con vida, pero Álvarez Espinoza quedó atrapado y perdió la vida en el lugar.

La noticia ha causado consternación entre familiares, amistades y pobladores de Santo Domingo, donde era ampliamente conocido. Se espera que en las próximas horas su cuerpo sea repatriado a Nicaragua para recibir sepultura en su comunidad natal.

Segunda muerte en una semana

La tragedia ocurre apenas días después del fallecimiento de Berlindo Samuel Sosa Oporta, de 23 años y originario de Rosita, Caribe Norte, quien murió el pasado 21 de mayo tras intoxicarse con cianuro mientras trabajaba en una mina ilegal en la zona de Cutris, Costa Rica.

Ambos casos tienen un denominador común: nicaragüenses que emigran en busca de ingresos y terminan exponiendo sus vidas en explotaciones mineras informales, donde predominan las condiciones inseguras, la falta de supervisión y los altos riesgos de accidentes.

Un problema que sigue cobrando vidas

Las muertes de Santo Argelio y Berlindo vuelven a poner en evidencia una realidad que afecta a cientos de familias nicaragüenses. La falta de empleo y oportunidades económicas obliga a muchos trabajadores a desplazarse hacia zonas mineras peligrosas, donde los derrumbes, la exposición a sustancias tóxicas y las condiciones precarias forman parte de la rutina diaria.

Mientras las tragedias se repiten, crecen los cuestionamientos sobre la falta de controles efectivos contra la minería ilegal y la ausencia de políticas que ofrezcan alternativas seguras para quienes arriesgan la vida buscando el sustento de sus familias.

La muerte de dos nicaragüenses en menos de una semana confirma que el costo humano de la fiebre del oro sigue siendo pagado por los trabajadores más vulnerables.

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